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Por un momento me identifiqué con ella.
Por el momento soy una de las figuras que le da seguridad, me sigue con la mirada cuando me muevo, me pide con sus ojitos, sin hablar, (igual) que la suba al sillón dónde yo estoy, me llora en este preciso momento porque siente que no le estoy dando ni la importancia ni la atención que merece.
Mientras tanto yo, calculo las dosis de medicamentos que le tocan desde mañana y hasta que se termina su tratamiento porque la quiero y deseo que se alivie.
Obviamente ella no lo sabe y sigue llorando.
Creo que al final de cuentas humanos, perros, no somos tan distintos.
...O tal vez somos solo Kila y yo que necesitamos muestras tangibles y mediatas de atención y amor y si no, lloramos.
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Apenas me voy dando cuenta que el año termina. Apenas me di cuenta que ya viene otro. Me da miedo, mucho miedo, pensar en pedir lo típico “que el año que entra sea mejor que el que se va ..!” No me atrevo a pedir mejor. Me conformaría con ser capaz de mantener este hermoso equilibrio en el que me balanceo de noche y de día. Me molesta escuchar a alguien amado decir que en cualquier momento las cosas pueden dejar de ser lo que son. Me llena de coraje y de agüita los ojos el siquiera imaginarme con las manos vacías de un segundo al otro. Todo es posible. Igual de posible que continuar igual, mejor y volverse arrugadito, comenzar a dormir menos, perder dientes, pelo, ganar experiencia, perder hambre y calcio en los huesos. “Felizmente” (como dice mi amado amante), el trabajo de preocuparse por lo incierto no es redituable, no deja nada, quita mucho. Quita enfoque. Quita segundos de risas , deshidrata, preocupa, absorbe energías, desgarra músculos, crea vacíos. No es negocio. Y como toda apuesta potencialmente irredituable, sigue siendo tentador. Los propósitos son como la masa de Lavoisier; y los míos más que otra cosa se conservan. Se expanden año con año desafiando el idealismo gasesoso de Boyle para lograr disipar la presión que en teoría se debe de generar. Este año pido la fuerza para lograr lo que el año pasado no logré concluir y la sabiduría para aceptar con tranquilidad las pérdidas inevitables que dejan espacio a la igualmente inevitable evolución. Feliz año 2012 y mucha salud. Del resto nos encargamos.
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Par palaguil dans Medica-mente le 9 Octobre 2011 à 07:18
Hubiera apostado casi cualquier cosa a la incredulidad si alguien me lo hubiera contado, hubiera perdido.
Me apena decirselos, me dejé llevar por la careta, me creí el slogan comercial de la publicidad, me revolví con la muchedumbre que juzga y re-juzga al que es distinto y reprueba al que se atreve a no depender de la aprovación social y el confort que te da el respaldo, muchas veces hipócrita, del entorno.
Yo como mucho, por no decir todos, llegue a pensarlo y a decirlo en voz alta. Me apena, y llevo días apenada conmigo misma.
Suficientes golpes de pecho.
Debo de confesarme que nunca pensé aprender tanto de tantas cosas y de una sola persona a la vez. Un mes de causas .. digamos trágicas para algunos, y reconfortantes para otros. El ciclo de la vida. La tierra y el mar, el cielo y el infierno, arriba y abajo. La incapacidad y el interinato. No me impactaron tanto las confesiones, ni los temas subidos de color y de temperatura de algunos de los días, me sorprendió haberme encontrado sentada siendo parte activa de un debate que en mis universos imaginativos hubiera sido igual de factible que una cesárea masculina.
Se puede decir que el destino y una pata mal metida hasta la rodilla fue el pretexto para la casualidad. No puedo saber que idea deja todo esto del otro lado, solo estoy segura de que de este, sembró mucho respeto e incluso me aventuro a decir, cariño.
yo por mi parte me doy cuenta que mi sendero de no-juzgaré-a-mi-projimo-por-mas-jijo-que-parezca apenas comienza a ser construido, probablemente porque la mezcla aun tiene exceso de arrogancia y le sigue faltando humildad.
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Par palaguil dans Medica-mente le 12 Septembre 2011 à 06:22
hoy es una guardia tranquila, mucho muy.
el hospital a estas horas y en el ala en la que estoy me parece un lugar tenebroso y peligroso más que una zona de seguridad donde resguardarse de las enfermedades.
Debo aceptar que comienzo a encontrarle el sabor a las guardias. Las tardes aquí son una montana rusa de sensaciones. De inicio me motivo a llegar con toda la energia posible, comienzo a mi ritmo y despues de la comida comienzo a desear una cama más que cualquier cosa en el mundo. Despues de un periodo de negación aunado a la voz chillona que vocea a gritos "un médico interno de guardia, presentarse a URGENCIAS", y después de preguntarme (como cada tercer día) "porque elegí esta carrera..?" viene la satisfacción de reencontrar un paciente anterior que recuerda mi nombre (!), o el ir caminando por la calle principal del mercado y oir un grito "Doctora Ástrid!" y que es don Chava vendiendo sandías... me regaló dos. Los m&m's que el hermano de Edna, la paciente de la cama 17, me dió el día que me detuve a explicarle a su hermana como todo iba a estar poco a poco...
Y es ahí cuando me contesto a mi misma:
"la escogiste porque quisiste y porque es increible sentir que ayudas un poquito a mejorar el mundo".
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Estar internada aquí es una tentación demasiado grande.
Una lucha constante con mi tendencia a retarme y ceder ante el deseo de atesorar... conocimientos, libros, pacientes, dinero, fama, reconocimiento, renombre, Pero inmediatamente viene mi grito psiquiátrico que dice:
No quiero sacrificar la noche estrellada a la orilla del amazonas, no quiero perderme los cometas de la Sierra Juarez tirada en el suelo con mi papá, ni la mañanas heladas en la isla del sol. No quiero reprimir la cena a 6 que tenemos pendiente en la Plaza de armas de Cusco, ni los inviernos en Montreal y, ni los veranos en Toulouse al borde de la Garonne, el ano nuevo en una playa del atlántico. Ni quiero descuidar tampoco las tardes de malecón en Ensenada, ni laos juegos de mesa con un grupo de amigos que hace 2 horas eran desconocidos. No quiero asesinar las potenciales expediciones, las caminatas que me faltan, el idioma que sigue, los amigos sin rostro que tengo pendiente ir a conocer. No puedo faltar a mis citas.
Seré demasiado conformista? Cambiar lo esperado por lo deseado? Será pecado decidir hacer menos de lo que se que puedo por disfrutar más de lo que todos consideran "suficiente"?
Porque esta manía mía de saltar fuera de la zona de confort justo cuando comienzo a sentir el terreno predecible? Porque odio tanto el oir a un especialista viejo decir "...lo sé porque tengo 15 años haciendo lo mismo". Hasta que punto esto me terminará provocando problemas de -falta de apego e inestabilidad- ? En que parte de mi próximo viaje me voy a dar la vuelta y regresar para planear el próximo? Llegará alguna vez el día en que salga corriendo dejando platillos a medias en el horno? Me arrepentiré alguna vez de criar a un niño cuando me despierte en las noches?... No creo, si tanto el pastel como el niño son comenzados por puro amor más que por gula o deber...
Porque viajar es tan adictivo?
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